30 de julio de 2012 | Antonio Luis Merino Pérez

Historia de la Danza (9ª parte)

San Gregorio Nacianceno
San Gregorio Nacianceno, nacido en Nacianzo, en el 329 y fallecido en el mismo lugar en el 25 de enero de 389. Citamos un de sus sermones: “Pero seguimos la costumbre (referido a celebrar fiestas cristianas) sólo en el sentido de que ni cubrimos la puerta de nuestras casas con ramas verdes, ni bailamos danzas circulares, ni deleitamos nuestros ojos, ni adulamos nuestros oídos con canciones”. (Backman, L, 2009: pg.30).
De otro de sus sermones en la exhortación dirigida al Emperador Julio, citamos fielmente: “Libérate, deseo participar en las solemnidades, habiendo siempre luchado en la batalla al lado de los buenos, habiendo cumplido con mi deber y conservado mi fe, todo según la epístola de San Pablo. Cantemos himnos en vez de golpear tambores, elijamos salmos en lugar de música y canciones frívolas, y como prueba del reconocimiento del alma, elijamos las sonoras palmadas en vez del aplauso del teatro, la modestia en lugar de las carcajadas, la seriedad en vez del delirio. Pero incluso si deseas bailar con devoción en esta feliz ceremonia y en esta fiesta, entonces baila, pero: no la desvergonzada danza de la hija de Herodes, que acompañó la ejecución del Bautista, sino la danza de David ante el Arca, danza que considero como la aproximación a Dios, los pasos rápidos y envolventes a la manera de los misterios”. (Backman, L, 2009: pg.30).
San Gregorio se posiciona completamente en contra de las danzas estrepitosas y desenfadadas. También tacha de inmoral las puestas en escenas demasiado teatrales, recargadas y llamativas, las cuales están acompañadas de cantos e instrumentos demasiados armonizados. Siendo más indicado para él, los cantos austeros. Ya que estos cantos tan ricos en acordes deleitan los sentidos, nublan los corazones y distraen de su verdadera función.
Por otro lado vemos claramente los deseos de bailar por parte del Emperador Julio en las solemnidades efectuadas por la Iglesia. Pero tendrá que hacerlo con el mismo sentido que David danzó ante el Arca, en un baile rotatorio, con una circunvalación de giros. Siempre empleando en baile como una aproximación al refugio de Cristo. Como hemos mencionado anteriormente, esta danza es una imitación de la danza de los Ángeles; por lo que si hacen, lo que los propios Ángeles hacen, será más fácil recorrer el camino para acercarse a Dios y llegar hasta su Santa Morada.
Para terminar con los lindos sermones de San Gregorio Nacianceno, citamos este último donde nos narra y describe como deberían ser celebrados las festividades de los Mártires, haciendo mucho hincapié en las danzas circulares, las danzas de los Ángeles: “Debemos huir de todas las cadenas del diablo. Es un combate solemne y peligroso, una batalla poderosa, pero su premio es maravilloso. Si nos reunimos para celebrar esta fiesta de manera que sea agradable a Cristo y al mismo tiempo que honre a los mártires, entonces debemos ejecutar nuestra triunfante danza circular. Una gran multitud deba ejecutar una danza circular para los mártires, en honor a su preciosa sangre”. (Backman, L, 2009: pg.31,32).
San Juan Crisóstomo
San Juan Crisóstomo o Juan de Antioquía, nació en Antioquía, Siria, en el año 347, y murió el 14 de septiembre de 407. En uno de sus sermones sobre Lázaro, San Juan Crisóstomo, nos narra y cuenta como los antiguos cristianos celebraban el día de Pentecostés, día de la venida del Espíritu Santo: “Ayer fue la fiesta del diablo, pero vosotros, por el contrario, celebrasteis la fiesta del Espíritu Santo hasta que, con sumo ardor de espíritu, recibisteis todo lo que habíais proclamado. Habéis pasado la mayor parte del día junto en arrebatos de moderación, ejecutando danzas circulares en el espíritu de San Pablo. Así vuestros méritos se han duplicado en primer lugar porque os obtuvisteis de las danzas indecentes de los borrachos y en segundo lugar porque bailasteis aquellas danzas espirituales más agradables y decentes…, y mientras otros interpretaban danzas en honor al diablo, vosotros girabais en este lugar y utilizabais instrumentos musicales espirituales, descubriendo vuestras almas como hacen los instrumentos musicales que el Espíritu Santo toca cuando infunde su gracia en nuestros corazones”. (Backman, L, 2009: pg.32).
En la fiesta de Pentecostés celebramos la venida del Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, sobre los doce apóstoles y la Virgen María, (salida de la Virgen del Rocío en Almonte). San Juan Crisóstomo, hace una clara diferencia entre los dos tipos de danzas que se ejecutan en esa fiesta:
1º Danzas ejecutadas por borrachos, algo tarambanas, indecorosas, llenas de lujuria. Que a su parecer, engalanan al diablo.
2º Danzas ejecutadas en corro bajo el espíritu de San Pablo. Llenas de compostura y ponderación. Ejecutadas en honor del Espíritu Santo. Siendo por tanto la auténtica danza espiritual.
Observación de San Juan Crisóstomo sobre la danza que ejecutase la conocida Salomé: “Porque donde hay un baile, ahí está el diablo. Porque Dios no nos ha dado los pies para usarlos de manera vergonzosa, sino para que podamos caminar en la decencia, no para que bailemos como camellos (porque incluso las danzas de camellos componen un espectáculo lamentable, mucho más que el de las mujeres) sino para bailar danzas circulares con los Ángeles. Porque si es vergonzoso para el cuerpo comportarse así, mucho más lo es para el espíritu. Así bailan los demonios y así bailan los siervos de los demonios. (Backman, L, 2009: pg.32).
El Santo, condena de una forma muy directa las danzas femeninas llenas de voluptuosidad, impudicia y erotismo. Además las desprecia muy claramente, recordando que el Padre nos dio unos pies para danzar, pero teniendo en conexión cuerpo y espíritu. Lo que queda muy claro es que está a favor de las danzas circulares ejecutadas en imitación de los Ángeles.
Para concluir con los sermones de San Juan Crisóstomo, citamos unas palabras del Santo donde nos cuenta como Obispos y demás padres espirituales, conducían las danzas durante las fiestas sagradas de los Mártires: “Habéis visto cómo la naturaleza humana puede imbuirse de fuerzas sobrenaturales, habéis visto estas espléndidas coronas (de flores) ganadas con el derramamiento de sangre, hemos bailado aquí en varios lugares atractivas danzas circulares bajo la supervisión de vuestro líder, pero en esta ocasión la enfermedad nos obliga a nosotros y a otros que fueron invitados, a quedarnos en casa”. (Backman, L, 2009: pg.33).
San Teodoreto de Ciro
San Teodoreto de Ciro, vivió entre los años 393 y 466 en Ciro. Citamos una de sus cartas en las que nos habla del gozo y disfrute de los cristianos de Antioch, al conocer la muerte del Emperador Juliano: “Bailaron no sólo en las iglesias y en las capillas de los mártires, sino en los teatros también; proclamando la victoria de la Cruz y ridiculizando la profecía de Juliano”. (Backman, L, 2009: pg.34).
También en otro de sus sermones nos habla de los herejes, relatando cómo eran las danzas de los cristianos gnósticos de Egipto, que respondían al nombre de Meletianas y Mesalianas: “En Alejandría apareció un Obispo Meletio. De él procedía la secta Herética Meletiana de Egipto. De acuerdo con su doctrina, eran tan ridículos como para lavar sus cuerpos un día sí y otro no, cantar himnos acompañados de palmas y danzas, hacer sonar campanas colgadas de un gancho y cosas así”. (Backman, L, 2009: pg.34).
Como podemos constatar, el danzar, cantar, y dar palmas, eran unas costumbres típicas de los cristianos de esa época.
De las Melasianas nos narra hechos importantes sobre las propiedades de la danza: “Pero hacían muchas otras cosas que revelaban su locura. De repente empezaban a bailar, y se lanzaban (por ejemplo, sobre el enfermo que estaba poseído), y alargaban sus dedos como si fuesen hechizos que lazan a los espíritus”. (Backman, L, 2009: pg.34).
Este relato cobra un gran interés para nosotros, ya que nos confirma que la danza también era ejecutada por razones médicas. El Antiguo Testamento confirma de muchas enfermedades por posesión demoníaca. Pero esta costumbre no era sólo de las Melasianas, ya que también los cristianos ejecutaban danzas en las tumbas de los mártires y ante sus reliquias, con la esperanza de expulsar los demonios y poder curar así todos sus males.

 

 
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